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Los «verdugos nazis» más sádicos del Tercer Reich

Tiempo estimado de lectura: 12 minutos

Llamamos «verdugos nazis» a los generales de las SS más sádicos de la época de Hitler. La fascinación que despierta el mal absoluto es tan innegable como inconfesable. Lo más impactante de todas estas personas; es que al principio, tenían vidas normales, hasta que el nazismo vino a cruzarse en sus trayectorias. Muchos historiadores analizaron que esa transformación se debe a que la población germana participó con entusiasmo en la política represiva del Reich. Aquí te traigo los cinco casos más brutales de la Antigua Alemania.

Expedientes X

Los generales más sádicos de las SS

Amon Göth: el «Verdugo de Plaszow»

De entre todos los «verdugos nazis», pocos nombres hay tan reconocibles como la del comandante Amon Göth. Enfundado en el ominoso uniforme negro de las SS y ostentando en sus gorras el siniestro símbolo de la calavera. Los responsables de esos espantosos lugares en los que la dignidad humana era pisoteada y la muerte reinaba a sus anchas se hicieron acreedores de ese infame honor.

Durante dos años no solo en un monarca absoluto, sino en un dios, capaz de alcanzar con su rayo de muerte, de forma instantánea, a cualquiera que tuviera al alcance de su vista. El 3 de septiembre de 1943, Goeth fue el oficial a cargo de la liquidación del gueto de Tarnow, habitado desde el comienzo de la guerra por 25 mil judíos (alrededor del 45% de la población de la ciudad). Todos fueron en tren hasta el campo de concentración de Auschwitz, aunque menos de la mitad sobrevivieron al viaje.

La mayoría de los supervivientes no fueron aptos para trabajar y se les asesinó de inmediato después de su llegada. Según los testimonios de varios testigos, Goeth disparó y mató por lo menos a cientos de mujeres y niños durante la liquidación del gueto. Mataba prisioneros de forma arbitraria todos los días y sus dos perros, Rolf y Ralf, entrenados para desgarrar a los internos hasta la muerte. Testigos relataron que Goeth, acostumbraba disparar con su rifle de largo alcance a los presos desde la ventana. 

Ilse Koch, la «Zorra de Buchenwald»

Uno de los personajes más extraños de los «verdugos nazis» es sin duda, Ilse Koch, quien pasaría a la historia con el sobrenombre de la «Zorra de Buchenwald». En ella encontramos una morbosa mezcla de crueldad y erotismo en la que se confunde hasta hoy la realidad con la leyenda. La que fue esposa del comandante del campo de concentración de Buchenwald, Karl Koch, sería acusada de los peores crímenes, destacando entre todos ellos la posesión de lámparas, guantes o bolsos confeccionados con piel humana.

Su nombre quedaría ligado para siempre a esos espantosos objetos, a pesar de que nunca llegaría a demostrarse que alguna vez poseyera alguno de ellos, o que promoviese su confección. Aun así, la escalofriante visión de las pieles tatuadas arrancadas a los internos de Buchenwald, ya fuera en álbumes o formando parte de una lámpara; así como de las cabezas jibarizadas de prisioneros, nunca podría ya separarse de ella, una carga que no lograría soportar.

A diferencia de otros dos destacados criminales nazis como Oskar Dirlewanger y Josef Mengele, Ilse Koch sí que tuvo que comparecer ante los tribunales aliados, y no una vez sino dos. El caso de la «Zorra de Buchenwald» perseguido por la prensa, despertaría reacciones viscerales en la opinión pública, unas reacciones que acabarían marcando su destino.

Aunque destacaba su llamativo cabello pelirrojo y sus ojos de un color verde esmeralda intenso, Ilse no presentaba una belleza espectacular. Sin embargo, según coinciden todos los que la conocieron, era una joven que exudaba sensualidad por todos sus poros y gustaba de mostrarse provocativa, por lo que nunca le faltaban pretendientes.

Oskar Dirlewanger, el «Verdugo de Varsovia»

Durante la segunda guerra mundial fueron habituales los episodios de brutalidad y sadismo en las SS, tal y como hemos tenido oportunidad de comprobar en los casos de Amon Göth o el matrimonio formado por Karl e Ilse Koch. Parecía que nadie podría superar las atrocidades cometidas por estos «verdugos nazis», pero no fue así. Existió una unidad cuyas barbaridades lograron lo que parecía imposible: escandalizar a los propios mandos de la SS.

La unidad que llegó a provocar la repulsa de los dirigentes de una organización, sería el Sonderkommando Dirlewanger, denominado así en honor del comandante al que se le había encargado su formación y posterior dirección: Oskar Dirlewanger. Trabajaba como maestro, su vida era muy desordenada; dado a la bebida y a los escándalos públicos, acabó condenado por violar a una menor en 1934, reincidiendo en cuanto salió en libertad. Sus contactos en las SS le rescataron y lo enviaron a España, a luchar en la Legión Cóndor.

En 1940 se le encargó la creación de un batallón formado por cazadores furtivos convictos. La unidad acabó aceptando delincuentes acusados de delitos graves. En 1941 fue empleado en Rusia para luchar contra los partisanos, en donde sus miembros pudieron dar rienda suelta a sus impulsos criminales. El batallón se envió a la región de la ciudad polaca de Lublin, convirtiéndola en escenario de saqueos, incendios, asesinatos, violaciones y atrocidades sin límite. En la represión del levantamiento de Varsovia, en un hospital, acribillaron pacientes en sus camas y violaron y asesinaron a las enfermeras.

Irma Grese, la «Bella Bestia»

Una joven de aspecto angelical y una de los «verdugos nazis» más famosas del Tercer Reich. Este es el caso de Irma Grese, cuya figura supone un enigma tan fascinante como inquietante para los historiadores. La gran pregunta que todos han tratado de responder, sin éxito, es cómo fue posible que una chica joven y bella degenerase en un monstruo cruel y depravado, y que, además, conservara su atractivo hasta el final. Tuvo a su cargo los campos de concentración de Ravensbrück, Bergen-Belsen o Auschwitz.

Estuvo en la organización femenina equivalente a las Juventudes Hitlerianas; los judíos, gitanos, homosexuales o los enemigos del Estado, no eran tratados como personas, sino subhumanos que debían ser exterminados. Irma Grese actuaría en consecuencia con esas ideas que se habían instalado sólidamente en su cerebro. el caso de Irma Grese revela que la brutalidad asociada a la esvástica no era exclusivamente masculina. Si las mujeres alemanas se hubieran integrado plena y masivamente en el aparato represor nazi, es muy probable que otras como ella se hubieran mostrado igualmente crueles y despiadadas.

Todos los que conocieron a Irma Grese en Auschwitz-Birkenau coinciden en afirmar que poseía un innegable atractivo. Siempre se presentaba ante las prisioneras con el uniforme impecable y el cabello perfectamente arreglado. Olga Lengyel, una interna de origen rumano, pese a relatar en detalle las atrocidades de las que Grese era capaz, la calificó de «hermosa» y «bella» en su libro autobiográfico “Cinco chimeneas”. Lengyel aseguró que Grese sacudía fustazos adonde se le antojaba. Grese sería conocida por varios apodos, como «El Angel de Auschwitz» o «La Bella Bestia».

Helene Klein, explicó en el juicio que «Grese hacía deporte con los internos, obligándolos a hacer flexiones durante horas. Si alguien paraba, Grese le golpeaba con una fusta de equitación que siempre llevaba consigo. Obligaba a los internos a permanecer en formación, durante horas, sosteniendo grandes piedras sobre sus cabezas. La acusada justificó esos castigos como un medio para mantener la disciplina, habitual en el ejército alemán. Fue la encargada de elegir a miles de mujeres que murieron en la cámara de gas.

Josef Mengele, el «Ángel de la Muerte»

Médico y antropólogo, se unió al Partido Nazi en 1938. Josef Mengele fue alistado en el ejército alemán y participó en varias campañas. Fue condecorado en un par de ocasiones por su accionar en el frente de batalla hasta que una herida lo postró por varios meses. Ya no pudo acompañar a las tropas como médico. Pidió ser destinado a Auschwitz. En medio de la muerte y del hambre, Mengele refulgía en con su delantal blanco siempre impecable. Él separaba a los que eran aptos para el trabajo (esclavo) y a quienes matarían de inmediato.

Personas con discapacidades evidentes, que otros hubieran enviado de inmediato a las cámaras de gas, eran separadas por él en un tercer grupo. Serían a partir de ese momento sus conejillos de indias, carne de los experimentos más crueles de los que se tenga conocimiento. Mengele inoculó tifus en pacientes, inyectó sustancias en los ojos de varios niños para intentar cambiarles el color, extirpó ojos de personas vivas para ver cómo eran por dentro, para intentar entender su funcionamiento, mató personas para extirparles órganos.

Todo esto recuerda mucho al “Escuadrón 731” de Japón. En Auschwitz encontró el lugar ideal para continuar con sus investigaciones genéticas. Su presencia en la llegada de los trenes no era necesaria, pero él no quería que ninguno de sus “potenciales experimentos” se le escapara. Hermanos mellizos, enanos y personas con anomalías físicas. A quienes elegía los sometía a los tratos más crueles y macabros, según él en aras del avance científico. Sus experimentos, en busca de un linaje perfecto, en pos de la creación y perpetuación de la raza superior, fueron criminales. Mengele fue otro de los «verdugos nazis» más macabros de la historia.

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Referencias

  • Longerich, Peter (2010). Holocaust: The Nazi Persecution and Murder of the Jews. Oxford; Nueva York: Oxford University Press. ISBN 978-0-19-280436-5
  • Roberts, Jack L. (1996). The Importance of Oskar Schindler. The Importance Of biography series. San Diego: Lucent. ISBN 1-56006-079-4
  • Twiss, Miranda: Los más malos de la historia: del siglo I hasta nuestros días, Ed. Martinez Roca, Barcelona, 2003. ISBN 978-84-270-2965-1
  • Pierre Durand: Die Bestie von Buchenwald, Berlín: Brandenburgisches Verlagshaus, 5. 1990
  • Arthur Lee Smith Jr.: Der Fall Ilse Koch – Die Hexe von Buchenwald, Böhlau Verlag GmbH & Cie, Köln 1983, ISBN 3-412-10693-3
  • Mónica G. Álvarez (2012). «Guardianas Nazis. El lado femenino del mal»; Edaf 2012; ISBN 9788441432406
  • Alberto Vázquez-Figueroa (2012). La bella bestia. Editorial: Ediciones Martínez Roca. ISBN 8427032501
  • Evans, Richard J. (2008). The Third Reich at War. Nueva York: Penguin. ISBN 978-0-14-311671-4
  • Kershaw, Ian (2008). Hitler: A Biography. Nueva York: W. W. Norton & Company. ISBN 978-0-393-06757-6
  • Steinbacher, Sybille (2005). Auschwitz: A History. Múnich: Verlag C. H. Beck. ISBN 0-06-082581-2